viernes 10 de julio de 2009

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Disculpe las molestias. Muchas gracias.





viernes 9 de enero de 2009

Próximamente más fotos de Argentina y todo lo ocurrido en Bolivia (que son muchas cosas)

De nuestro paso por la Argentina


Consideramos que ya ha pasado tiempo suficiente como para contar las anécdotas del viaje sin alarmar a padres y familiares, y evitar además los comentarios malintencionados de nuestros amigos.



Córdoba


Si nos referimos a los problemas mecánicos, se podría decir que estos empezaron en el pre-viaje, camino a Córdoba cuando íbamos a buscar a Gugui. En una parada para hacer cambio de conductor, frente a la misteriosa fábrica de alfajores Transichoc, la alarma (que hasta el día de hoy no utilizamos porque nos trae más molestias que beneficios) nos jugó una mala pasada: se activó la modalidad “pánico” – o algo así – que nos cortaba la energía, después de dos empujadas intentando arrancar la Kombi, reconocimos la razón de los “pi-pi-pi” que nos apagaba el motor y pudimos seguir.


El gran problema ocurrió a 180 km de San Francisco y a unos pocos minutos de Córdoba, cuando a la salida de Islas Malvinas una inesperada explosión dejó a la Kombi sin reacción y quedamos barados al costado de la ruta. Ya pensábamos en grúas y mecánicos, y parecía que la partida se iba a postergar, incluso los Gustavos Saldañas estaban en camino para rescatarnos. Afortunadamente sólo era el cable del condensador que se había salido (una de las pocas cosas que sabíamos arreglar) y en no más de media hora ya estábamos nuevamente en camino y con los ánimos restablecidos.


La primera parada, luego de que el GPS nos hiciera perder dentro de Villa del Totoral (algo bastante difícil, por cierto), fue Dean Funes. Pensábamos dormir en la Kombi en una estación de servicio y salir a la ruta temprano, pero nos informaron de una costanera y decidimos hacer noche ahí. Así como San Francisco tiene una costanera que da a una calle, Dean Funes tiene una Costanera que es un club, aunque por lo menos tienen agua en la pileta. Intentamos dormir en el camping-club, pero sólo intentamos porque el calor, por más puertas abiertas que dejemos, no nos dejaba pegar un ojo.



Santiago del Estero


Aún peor fue el calor en Frías, a donde llegamos a la hora de la siesta. Entramos a una estación de servicio para estar frescos y justificar el costo del almuerzo utilizándoles Wi-Fi hasta que baje el sol, pero sólo un rato de aire acondicionado sirvió para amortizar el gasto porque la conexión no andaba. Salimos a buscar otra estación, pero esta vez, ya aprendida la lección, probamos la conexión desde afuera y finalmente decidimos quedarnos afuera de la estación, chateando desde la Kombi con más de 40ºC mientras esperábamos que la ciudad reviviera. Esperábamos que abrieran los comercios porque la Kombi se quedaba acelerada y necesitábamos un resorte para el acelerador. Primero nos dijeron que abrían tipo cuatro, después a las cuatro y media más o menos. Esperamos hasta las cinco y como la gente ni se asomaba a las calles decidimos seguir viaje: la siesta santiagueña no es joda.


Tucumán


Nos dirigíamos a Tafí del Valle y pensábamos llegar a la tarde, pero, como siempre, no cumplimos con nuestro objetivo. Pasando por el Río Chico, ya en la provincia de Tucumán, vimos bajo un puente una gran cantidad de pescadores y luego de pensarlo unos cien metros, pegamos la vuelta y bajamos a ver si había pique. Ya era tardecita y la mayoría de los pescadores se dedicaban más a la parrilla que a la pesca, enseguida nos invitaron con boga asada y vino, y nos quedamos viendo como los peces seguían saliendo y saliendo. Tafí era la primera gran prueba para la Kombi, ubicada a 2990 metros sobre el nivel del mar, nos permitiría saber cómo se comportaría después en la altura boliviana.


La increíble entrada de Tafí y sus subidas nos encontró anocheciendo, sin nafta y sin batería. Durante los primeros días de viaje ve

níamos con todos los artefactos a 12 v conocidos conectados: heladera, ventilador, calentador de agua, transmisor mp3, GPS, y seguro que queda alguno sin nombrar. Luego de varios kilómetros de subida en medio de un paisaje selvático, decidimos parar a cargar nafta de los bidones que llevábamos arriba. Cuando quisimos volver a arrancar la batería estaba muerta, la gran idea para solucionar este contratiempo fue largar la Kombi en bajada y arrancarla en segunda. Dicho así parece simple, el problema se encuentra en que el auto puede estar ahogado y no arrancar, y otros vehículos se pueden amontonar detrás mientras seguís bajando con el auto apagado. Además, a tus amigos se les puede ocurrir bajar corriendo en la oscuridad a buscarte y desconcertadamente verlos pasar mientras vos subís.





Tafí del Valle fue el primer asentamiento importante que realizamos y desplegamos todo nuestro complejo equipo de camping: toldo, banquetas, reposeras, mesa, bici. El gran despliegue de infraestructura hizo que de a poco distingos grupos se aproximen a pedir algún que otro elemento prestado y así comenzamos a conocer viajeros que luego volveríamos a encontrar en otros camping y ciudades. Nos sorprendió la cantidad de personas que hacían viajes similares, y en su mayoría todos seguían hasta Perú. Allí nos encontramos con Pato de San Francisco, quien se encargó de q

ue nuestro viaje se hiciera conocido en el camping, Matías, Marcos y Bruno. Con ellos se armó la primera guitarreada del viaje y nos quedamos hasta altas horas de la noche, aunque a la mañana temprano salíamos para Salta.



Salta


En Salta Capital, previa pasada por Amaicha y las ruinas del pueblo de Quilmes, fuimos recibidos por Emi y Ani, quienes nos trataron increíblemente y nos hicieron volver a la vida familiar. Comida, desayuno, cama, baño, Internet, televisión, consintiéndonos en todo para que estemos en condiciones de encarar nuestro viaje. Desafortunadamente

la lluvia, que ya nos había encontrado en Tafí, volvió a aparecer y no nos abandonó hasta Bolivia. En Salta le dedicamos todo un día a mimar un poco la Kombi, le hicimos cambio de aceite, compramos el resorte del acelerador, cambiamos una luz que se había quemado (lo cual fue más complicado de lo que esperábamos) y compramos algunos repuestos que nos habían quedado pendientes. Podría decirse que nuestro paso por Salta fue casi exclusivamente gastronómico.



Jujuy



Nuestro siguiente destino fue Purmamarca. Tras una rápida pero traumática inmersión a la ciudad de San Salvador de Jujuy, donde todo era un caos de tránsito y personas, y donde no pudimos encontrar una sola calle que no estuviera congestionada, seguimos viaje por la provincia de Jujuy y a los pocos kilómetros nos encontramos con un cartel a cuya simple proposición no pueden resistirse ni cinco años de licenciatura en publicidad: “El mejor locro del mundo”. No se veía ningún bar, restaurante, bolichón, sólo algunas mesas bajo los árboles al costado de la ruta. Nuevamente, luego de algunos metros de meditación a velocidad reducida, afortunadamente, decidimos pegar la vuelta y para a almorzar. El menú elegido: Locro – por supuesto –, Chicarrón con mote, Picante de pollo y picante de mondongo. La verdad, daban ganas de quedarse hasta la noche para probar el resto de los platos en la cena.




Luego de que otro comensal del lugar con el que habíamos estado hablando de Kombis - también era kombinauta aunque en ese momento viajara con otra camioneta - nos dijera que en un rato nos veríamos porque nos pasaría en la ruta, y que nosotros le retrucáramos “bueno, si nos alcanza”, a los pocos kilómetros de retomada la ruta empezamos a sentir olor a quemado y pérdida de potencia en la Kombi, frenamos y una manquera que se había salido se había quemado y agujereado, encintamos la manguera (que hasta el día de hoy sigue así) y sin demasiada demora seguimos camino. Ya no hace falta decirlo, nuevamente llegamos a destino fuera del horario previsto pero con el tiempo suficiente para instalarnos en lo que vendría a ser un semi-camping y desplegar todas las posibilidades de la Kombi.


No costó hacer amigos y a las pocas horas la Kombi ya era punto de reunión, junto a Juan, Matías y Matías de Buenos Aires, y con ellos la presencia de Tom, un noruego que viajaba solo y apenas hablaba español, armamos la ronda de cervezas que luego desembocaría en guitarreada, mientras Tom intentaba explayar su dudoso arte en la Kombi. De a poco se fueron aproximando Santiago (personaje ecléctico si los hay), Dolores y sus amigas, el Cordobés (a quien agradecemos sus atenciones), el Maya, y algunos otros guitarristas que ya no recordamos su nombre pero que hicieron su aporte musical. Incidentes violentos, ajenos a la Kombi, que requirieron de intervención policial hicieron que la velada se suspenda.


El día siguiente era víspera de Año Nuevo y el semi-camping que albergaba tres o cuatro carpas de repente se llenó y la noche

fue una fiesta: música, baile, guitarreada, brindis y después peña. Entre los recién llegados se encontraba Pato y amigos – a quien esperamos volver a encontrar y le agradeceríamos que nos devuelva las dos tablas que nos olvi

damos – y los chicos de la Nissan, a quienes volveríamos a ver una y otra vez en nuestro camino a Bolivia y con quienes tenemos pendiente viajar algún trayecto juntos, pero el ritmo de la Kombi es difícil de seguir.


El último día en Argentina, y el primer día del año, no fue de los mejores: viajamos de un solo tirón, con un breve paso por Tilcara, hasta La Quiaca. Decidimos ir a almorzar, a eso de las seis de la tarde, al pintoresco pueblo de Yavi. Decidimos volver a La Quiaca con la idea de que tendríamos más posibilidades, pero estábamos equivocados, el camping estaba desierto, no encontramos ningún hostel, ni un bar, ni un Cyber abierto y terminamos durmiendo en una estación de servicio. A la mañana salimos a buscar repuestos y un mecánico porque la Kombi se empezaba a apunar y nos costaba mucho hacerla arrancar. Con igual suerte, no encontramos ni uno ni otro. Sólo nos quedaba cruzar a Bolivia. Pero que esto no parezca un final triste, sino que, al contrario, ¡es el comienzo de nuestro viaje!